martes, 14 de diciembre de 2010

El drama de Calisto

Con 4800 Km de diámetro, Calisto es el tercer satélite en tamaño del Sistema Solar (detrás de Ganímedes y Titán). Aunque tiene casi el 99% del diámetro del planeta Mercurio, sólo tiene 1/3 de su masa. Orbita al gigantesco Júpiter a más de 1 800 000 Kilómetros empleando poco más de 16 días en completar una vuelta alrededor del planeta.

La gran distancia que le separa de Júpiter hace que la cantidad de radiación que recibe del gigante gaseoso sea muy baja comparándola con la que reciben las otras grandes lunas de Júpiter (Ío, Europa y Ganímedes). Al igual que muchas otras lunas del Sistema Solar, tiene rotación síncrona, es decir, presenta siempre la misma cara a Júpiter.

Comparación de los tamaños de Calisto, la Luna y la Tierra

Podemos ver que la superficie de Calisto presenta una alta densidad de cráteres de impacto


Se ha detectado una atmósfera extraordinariamente fina y tenue en esta luna, compuesta principalmente por CO2. La temperatura media en su superficie está en torno a los 134 K (-140ºC).

Detalle de la superficie de Calisto. La imagen evidencia la enorme cantidad de cráteres que presenta esta luna.

El magnífico sistema de anillos concéntricos asociado al cráter Valhalla, fotografiado por la sonda Voyager 1. El cráter, muy erosionado, tiene un diámetro de unos 360 Km, aunque la estructura de anillos se extiende a más de 1900 Km de distancia del centro del impacto 

Calisto, en primer plano, y Europa frente al enorme Júpiter. Fotografiadas por la sonda Cassini de camino a Saturno, en el año 2000

Según la mitología griega, Calisto era una hermosa ninfa que formaba parte del séquito de Artemisa, la diosa de la caza. Al igual que el resto de las ninfas que formaban parte del séquito, había hecho votos de mantener su virginidad. Tal era su hermosura que Zeus quiso seducirla, para ello, tomó la forma de Artemisa, dejando embarazada finalmente a la infortunada ninfa.

Algunas versiones cuentan que Artemisa la convirtió en osa al descubrir el embarazo, expulsándola de su séquito. Otras versiones apuntan a que fue Zeus quien transformó a la ninfa en osa, para protegerla de los celos de Hera (la esposa de Zeus), sin embargo, Hera descubrió el ardid y pidió a Artemisa que cazara a la osa en una cacería. Artemisa nunca fallaba con su arco, y las flechas de la diosa acabaron con la vida de Calisto. Para salvar al hijo que llevaba en su vientre, Zeus la elevó a los cielos convirtiéndola en la constelación de la Osa Mayor, otorgándole de esta manera la inmortalidad. El hijo nacido, Arcas, fue entregado a Maya (una de las Pléyades) para que lo criase.

Júpiter y Calisto. Pintura de François Boucher. 1744

El siguiente vídeo muestra al satélite rotando sobre su eje, mostrándonos sus numerosos cráteres.


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